Sentado frente a la máquina de escribir, la tarde del 14 de noviembre de 1998, Augusto Ramírez empezó inventar fantasías de su mente y sus pensamientos. "lo más importante era conocer el pasado y escribir del futuro, para así no caer en la envolvente obscuridad que puede comer toda la luz, como un agujero negro.", así empezaba su mágico libro donde él se podía mezclar entre las historias del ayer, del libro y de hoy.
En el libro, futuro era descrito como su pasado, se enredaba el tiempo con cada párrafo, se torcía el cuento con la fastidiosa historia. Augusto siempre había querido volver a empezar una historia y publicarla, pero su pasado apretaba sus manos y atormentaba sus pensamientos. La sala llena de humo de cigarro empañaba cada rincón del estudio donde comenzaba la fantasía, Frente a la máquina de escribir, la ventana que daba a la calle 37 de Boca de Cañada, un pueblo poco conocido de México, que reflejaba su enigmático rostro la cicatriz en su mejilla le daba una característica que era difícil de dejar de ver.
Viendo entre el reflejo de su rostro y el empedrado de la calle, se escuchó un ruido que lo volvió en sí, la puerta de madera de su casa sonaba con un eco que podía espantar a cualquier hombre, por muy valiente que sea. Se levantó de la silla, se puso su chamarra negra de piel y empezó a caminar hacia la puerta mientras volvía a sonar la puerta de madera. Dispuesto a abrir la puerta, sacaba deducciones de quién podría ser la persona que estaba tocando a su puerta, Tomó la fría perilla de la puerta y con el crujido de las bisagras empezó a descubrir la silueta de una mujer vestida con un abrigo negro, cabello negro, ondulado y suelto que llegaba hasta un poco abajo de sus hombros, con un rostro que emitía una sensación de misterio y enigma.
Con los ojos de la dama clavados en su rostro, que se sentía incómodo por la manera de no despegarle los ojos del rostro dañado por la cicatriz de su mejilla, la mujer con una voz suave dijo -Tu eres Augusto Ramírez- Asintió con la cabeza, y con una voz fuerte pero siento amable dijo -Buenas tardes, ¿usted quién es?- El misterio se hacía más fuerte porque la mujer no expresaba palabra alguna, sino compartía la mirada con él. De repente la mujer hace un movimiento para sacar algo dentro de su abrigo, Entró en un dilema si hacer algo para detener lo que empezaba a hacer la mujer conociendo su pasado tormentoso o esperar lo desconocido.
Lo que la mujer sacó de su abrigo era una tarjeta de presentación, decía -Augusto Ramírez, escritor y novelista, Tepoztlán Morelos- Atónito de lo que la mujer le mostró, levantó la mirada y le preguntó -¿quién es usted? ¿Dónde y quién le dio esta tarjeta de presentación?-. Muchos recuerdos se le vinieron a la mente de Tepoztlán y las razones del por qué había dejado el pueblo mágico de Morelos. Entonces la mujer respondió -Soy María Islas y vengo a proponerle un trabajo- Augusto sin saber que hacer o decir por la extraña razón de que la mujer haya llegado hasta San Miguel Contla para proponerle un trabajo a él. -Usted es el mejor en lo que hace y necesito que trabaje para mí- María Islas le dejaba en claro que quería algo de él, pero solamente lo único que sabía hacer era escribir; En toda su vida desde pequeño le encantaba escribir, llegando a ser un Best Seller con su obra maestra "Despierta, ya obscureció ", que esto le dio a Augusto el título de ser uno de los escritores más famosos de México y el mundo.
Serio y con una mirada desafiante, le dijo con un tono golpeado -No podré ayudarla y por consecuente no acepto su trabajo, una disculpa- Diciendo esto se dio media vuelta y cerró la puerta de madera, dejando a la mujer afuera. Mientras caminaba de vuelta a su estudio, pensaba en la extraña visita de María y de lo que le había propuesto. Llegó a su escritorio, jaló la silla y al alzar la mirada hacia la calle estaba la silueta de María Islas caminando hacia el horizonte. Mirando la tarjeta que le había dado, sintió las ganas de volver a golpear sus dedos contra las letras de la máquina de escribir, volvió a recordar esas horas que pasaba detrás de la hoja para construir historias. Recordó esas noches del año de 1988 cuando empezaba a escribir su obra maestra.
Sintiendo que podría volver a escribir después de mucho tiempo, empezó a imaginar la historia que iba a empezar, decidido a comenzar a escribir, justo antes de golpear la primera letra, de nuevo el sonido de la puerta de madera, volvían a llamar a la puerta y con mucha insistencia. Frustrado por la interrupción se dispuso a bajar otra vez y ver quién volvía a irrumpir el silencio de su casa. En eso cuando volvió a abrir la puerta y atender, su sorpresa fue que nadie estaba afuera de su casa, ni cerca de la calle, ni un alma se aparecía cerca de la puerta. Sorprendido, bajó la mirada y lo que encontró fue un sobre, tenía escrito "Sr. Ramírez URGENTE". Lo tomó y cerró la puerta, mientras caminaba a la sala lo abrió. Ya sentado en su sillón de piel negro, se quitó los zapatos, puso las plantas de los pies sobre la alfombra y se dispuso a leer el contenido de la hoja que venía dentro del sobre. "Sr. Augusto Ramírez, lo espero en frente del café Ristretto a las 11 pm, no falte, es sumamente URGENTE y creo que le va a convenir, A.T.T.E.: Irma Alaísa"
Lo intrigante de la visita de María Islas y la carta de Irma Alaísa pusieron en un predicamento lo que estaba pasando en torno a él, no sabía qué hacer, si ir a la cita con Irma o quedarse en casa. Se sintió cansado siendo apenas las 7 de la tarde, entonces prefirió ir a su cuarto, empezó a tomar una ducha y sabiendo de todo lo que estaba pasando no podía dejar de pensar en las posibilidades de que todo sea una trampa para él o simplemente sea una cita a ciegas con una mujer. Abrumado por todo lo que estaba pensando, decidió tomar una siesta para descansar un poco su mente.
-Augusto ¿dónde estás? te puedo dar el poder más grande que un escritor pueda tener, te gustará y recuerda que tu vida está en tus manos- Estas palabras que escuchaba dichas por una silueta de una mujer lo despertaron de golpe. Asustado y sudado del sueño que había tenido, se levantó al baño a echarse agua en la cara y frente al espejo vio su cicatriz y notó algo diferente pero no le tomó importancia, bajó la mirada y vio en su reloj Rolex que la editora de su Best Seller le había regalado, y las manecillas marcaban 11:37, había perdido la cita con Irma Alaísa, tenía una incertidumbre de quién iba a ser esta desconocida mujer y que era lo que tanto urgía.
Salió del baño para dirigirse a su estudio para, ahora si empezar a escribir su próxima obra, se puso su chamarra negra que estaba colgada a fuera del estudio, se dirigió a la máquina de escribir y ahora sí, sin ninguna distracción empezó a golpear las letras de su máquina de escribir. "Estando en el pasado y escuchando el futuro, Fernando Savillón viajaba en la regresión que el hipnotista hacía con él, quería regresar al presente pero seguía en el sueño inducido, no parecía que tuviera salida esa fantasía.." de repente mientras estaba escribiendo sobre el personaje de su historia, volvió la mirada hacia la ventana que da a la calle y observó el poste de luz que empezaba a parpadear sin razón alguna, los perros de la calle empezaron a ladrar de una manera desesperada, se empezó a sentir un frío fuera de lo normal y una sensación extraña en su estudio.
Tenía los labios partidos, el frío se hacía más notorio, entonces se levantó de la silla para dirigirse a su cuarto para ir por su blazer que ocupaba cuando hacía mucho frío, justo después de ponerse abrigo, la puerta sonó por tercera vez, era difícil entender que recibiera visitas. Ya eran cerca de las 12 de la noche y el frío no daba tregua, una sensación que le recorrió la espina dorsal, entonces antes de bajar a abrir la puerta, fue a su buró donde sacó su revólver, un Colt Phyton con la empuñadura en color café y un cañón de 10 cm, se fijó en el tambor y si tenía cuatro de los seis cartuchos que puede llevar.
Colocó el revólver detrás de su pantalón y caminó hacia la puerta de madera de su casa, estando frente a la puerta, con una voz firme dijo - ¿Quién es?- pasaron segundos para que escuchara una voz familiar. – Jesús, ábreme cabrón, que hace mucho frío- En ese momento, se le quitó un peso de encima y con alegría abrió la puerta. Jesús, su gran amigo y probablemente el único amigo que tenía iba a visitarlo en la madrugada, hasta Boca de Cañada entonces pasaron a la sala para platicar acerca de su visita.
-¿Qué haces aquí cabrón? Deberías de estar en el hospital o con alguna de tus múltiples mujeres- Con la voz titiritando por el frío.
Jesús le respondió – Primero salúdame mal educado, tengo noticias que darte. Es acerca de Alicia.- Tenía varios meses que Augusto no sabía algo de Alicia, desde el problema que tuvieron, se habían separado y el típico temperamento que tenía, no quería levantar el teléfono para preguntarle cómo estaba.
-¿Qué pasa con ella? ¿Todo bien? – Con un poco de angustia preguntó a su amigo.
-Ella ha desaparecido, tiene un par de días que no responde las llamadas, supongo que no le has llamado desde hace tiempo y creo que deberías de hacerlo de vez en cuanto, es tu esposa.- Jesús en un tono nervioso le decía estas palabras, mientras Augusto fruncía el ceño con algo de preocupación.
En la charla que tuvieron, se decidió que era mejor ir a preguntar a Cuernavaca por ella, a la gente que la conocía, entonces se subieron al auto de Jesús y tomaron rumbo a la cuidad Morelense. Era cerca la una de la mañana, cuando salieron de Boca de Cañada, Augusto calculaba el tiempo, sabiendo del gusto de manejar rápido, pensó que en unas 4 horas estarían llegando a Cuernavaca. El camino transcurrió sin problemas, pero en el rostro de Jesús se notaba algo de cansancio, era difícil que eso se notara porque estaba acostumbrado a ese ritmo de vida, ser médico no era labor sencilla, pero viajar tanto tiempo si llegaba a ser cansado.
Justo antes de llegar a Cuernavaca, a la altura de Tepoztlán, Augusto recordó todo lo vivido ahí y la razón del por qué tuvo que dejar ese lugar, la cicatriz en su rostro era una señal de lo pasado, entonces empezó a sentir una sensación rara, en la carretera se notaba una extraña neblina que cortaba la visión.
Justo cuando le iba a pedir que bajara un poco la velocidad porque la visibilidad era casi nula, apareció una curva que hizo que Jesús perdiera el control, el coche derrapó y chocó contra un árbol. En el choque Augusto sufrió un golpe contra el vidrio de la puerta y perdió el conocimiento. Después de unos 15 minutos inconsciente, despertó con dolor en la cabeza y un poco de sangre en la frente, volteó para ver si Jesús estaba bien, pero para sorpresa, ya no estaba en el coche, la puerta estaba abierta.
Se quitó el cinturón de seguridad y salió del auto, para buscar a Jesús, pensó que lo más seguro es que hubiera ido a pedir una grúa y llevar el auto a Cuernavaca. Caminó unos 10 metros para sentarse y notó que había una hoja de papel muy cerca de él, se acercó para mirarla y notó que tenía un título. Decía “La Salida, por Augusto Ramírez” se le hizo muy raro, tenía mucho tiempo que no escribía y el último manuscrito que estaba haciendo estaba dentro de la máquina de escribir.
Cuando lo tomó, alzó la vista y notó que había una luz a lo lejos. –Quizá Jesús haya ido a pedir ayuda ahí.- Se adentró hacia el bosque y antes de entrar la temperatura bajó y notó que la neblina bajó un poco más. Había una cabaña afuera de una casa, fue a ver si había alguien ahí. Entró en ella y sólo había herramientas y se dio cuenta que había un revolver y una lámpara. Las vio y checó si había más municiones, sólo tenía 6 balas.
Salió de la cabaña y sintió miedo, la obscuridad se hacía más profunda, la neblina más densa y el miedo circulaba todo su cuerpo. Antes de entrar, vio a un hombre que se acercaba a él envuelto en sombras, la lámpara no encendía y enfocó la mirada y notó que en su mano llevaba un hacha. Empuñó el revólver y le gritó que se detuviera. El hombre apresuró el paso hacia él y le soltó un disparo, el hombre continuó como si nada, entonces con la luz de la lámpara apuntó y empezó a gritar como si le estuvieran quitando la piel, en ese momento, la sombra que lo envolvía empezó a desaparecer y con otro disparo del revólver, calló el hombre.
Las manos de Augusto temblaban, sudaba y pensaba en lo que estaba pasando. Se acercó y vio que el hacha tenía sangre, tuvo mucho miedo de que fuera de Jesús, entonces caminó para la casa que estaba adelante. Antes de tocar la puerta a unos 3 metros de la entrada, notó otra hoja que estaba en el piso. Se acercó y vio que era del mismo manuscrito que encontró en el choque. Al leerlo sintió un escalofrío por lo que decía. “El hombre se volvió hacia mí. Su rostro estaba cubierto por las sombras. No se distinguía en la oscuridad del bosque que nos rodeaba pero el hacha que blandía era fácil de ver: Brillaba con la sangre de su víctima. Sonreía con locura. Las sombras estaban vivas y deformaban sus facciones. Era una escena de pesadilla, pero yo estaba despierto.”
Una hoja escrita por él, describiendo situaciones que acababa de vivir, pensaba que era una locura por el golpe que había recibido durante el choque. Eran muchas dudas, la desaparición de Jesús y de Alicia le producía jaqueca. Llegando a la cabaña, tocó la puerta para ver si alguien podía brindarle ayuda, pero nadie abrió y tampoco pudo abrir para conseguir algún teléfono para hablar y llamar a la policía. Tenía miedo porque acababa de asesinar a un hombre, que misteriosamente una obscuridad y una neblina lo rodeaba.
Volvió al auto para estar cerca y ver si alguien pasaba y así ir a la policía para contar todo lo sucedido. Siguió con su linterna y su revólver en mano, porque todo estaba muy misterioso y la neblina hacía más densa la obscuridad. Las ramas de los arboles crujían, las hojas secas se rompían en sus zapatos y el ruido de la noche se convertía en nervio. A lo lejos notó el auto chocado, se preguntó cómo no murieron en el accidente.
Se acercó al asiento donde iba sentado y extrañado miró que en el piso estaba un lapicero que le había dado su madre desde hace mucho tiempo, cuando era niño, que le ayudó a superar el miedo a la obscuridad. “El señor clic” prenderá una luz mientras escribas y así la obscuridad no estará más, esas palabras se le venían a la mente mientras pensaba si él había escrito entre alucinaciones las hojas que había encontrado.
A lo lejos se escuchó una sirena, pensó si era un policía o una ambulancia, cualquiera de las dos sería excelente. Las luces rojas y azules entintaban la carretera y Augusto sintió un alivio y ansiedad para contar todo lo que había pasado. Era una patrulla, se aproximó al incidente, Augusto estaba sentado, tomándose la mano en la cabeza, mientras escondía el revólver en la parte de atrás del pantalón. El oficial estacionó la patrulla cerca de él y bajó el oficial de apellido Ruano, con poca expresión en el rostro, preguntó.
-¿Está usted bien? ¿Su nombre es Augusto Ramírez?- Extrañado del porqué el oficial sabía su nombre, volvió a decirle. -Señor Augusto, por favor suba a la patrulla, lo llevaré a un lugar seguro, vengo por parte de Jesús Nando, recibí una llamada de él diciendo que había un accidente y usted estaba inconsciente.-
Entonces subió a la patrulla con mucha dificultad por el dolor que tenía en la cabeza, se puso el cinturón de seguridad y apoyó su cabeza sobre el asiento. El oficial Ruano le volvió a hacer la pregunta y respondió que sí, sólo era el golpe en la frente. –Lo voy a llevar a la estación de policía de Tepoztlán, no estamos muy lejos de aquí- Preguntó que si Jesús estaba bien, que todo lo que estaba pasando era muy raro, no quiso decirle sobre el incidente del asesinato y las hojas encontradas, pensaría que estaba loco y lo iba a llevar más tiempo detenido. Ahora la prioridad era encontrar a Alicia y a Jesús.
La noche seguía densa, se preguntaba el porqué de esa neblina que empañaba la carretera, a lo que el oficial dijo, pareciendo que le había leído el pensamiento. –Esta neblina es poco común, nunca había visto tanta. Parece una escena de terror.- Un freno repentino al coche despertó de la inconciencia que tenía Augusto, era una rama en medio de la carretera que interrumpía el paso en la carretera. El oficial le dijo que no se bajara el auto, que él iba a mover la rama para poder seguir hacia la estación. Al momento de abrir la puerta, se sintió un olor en el ambiente a animal muerto, parecía que era un centro de control de animales, pero donde todos estuvieran muertos. Al percatarse del olor, Ruano se tapó la nariz y caminó hasta la rama para moverla. La presencia obscura acechaba otra vez, la neblina seguía muy densa y Augusto sintió nervio, tenía miedo de que algo sucediera otra vez.
Abrió la puerta del coche y sintió el olor a animal muerto, no sabía cómo tapar el olor. Al escuchar la puerta abrirse, Ruano volteó la mirada hacia la patrulla y le gritó – Señor Ramírez, permanezca en el auto por favor- . Los pájaros daban vueltas y el viento soplaba como nunca, parecía que el viento había arrastrado la rama hasta la carretera. De la nada, una sombra salió entre los árboles del lado de la carretera y golpeó a Ruano, lo empujó hasta afuera del camino, un tipo venado envuelto en neblina alcanzó a distinguir Augusto. Al momento del impacto, se volvió al auto para tomar la linterna que había encontrado en la cabaña y corrió para buscar al oficial.
Gritaba como si lo estuvieran cortando en pedazos, era penetrante el ruido de sus lamentos. Llegó rápido y alumbrando su cara le preguntó que si estaba bien. Lo que gritaba el oficial era que su pierna estaba lastimada. –Está rota, se me rompió la pierna- bajó la luz de la lámpara y notó que su pierna estaba fracturada, había sangre y un montón de tierra.
– En la patrulla tengo un botiquín de primeros auxilios, vaya por él- gritó desesperado por el dolor que sentía en su pierna.
Volvió corriendo a la patrulla, abrió la cajuela de la patrulla y dentro notó que estaba el abrigo que traía puesto Jesús al momento del accidente. Miles de cosas pasaron por la cabeza de Augusto, será que Ruano sabe algo de Jesús, lo habrá secuestrado o sólo encontró esa chamarra y la dejó en la cajuela. Volvió hacia los gritos de Ruano, antes de llegar, resbaló y rodó unos 3 metros, dejándolo con raspones en las manos y un dolor en la cabeza, alzó la mirada y vio el botiquín a un metro de él, más adelante notó una hoja. Será otra parte del manuscrito, se preguntó, con dificultad se levantó y caminó con paso lento hacia la hoja. Sorprendido con lo que estaba escrito, le temblaron las piernas y entre los gritos de Ruano comenzó a leer.
“El olor nauseabundo del centro hacía difícil la respiración, como si algo putrefacto se hubiera arrastrado fuera de su tumba. Ruano seguía gritando como desesperado. Mi mirada se volvió hacia su pierna retorcida y desecha. El ataque había sido brutal. Los ojos de Ruano brillaban enloquecidos, febriles, aterrados. Murmuró: Sr. Ramírez, ha ocurrido tal como estaba escrito en la página.”
Regresó hacia el botiquín y llegó con Ruano, le aplicó un torniquete en la pierna, algo le había servido tener un amigo doctor. El oficial vio que Ramírez estaba raspado y le preguntó que si estaba bien con una voz de dolor entrecortada. Mirando a la herida Augusto sólo asintió con la cabeza que todo estaba bien. Al buscar una venda en el botiquín, calló del saco al pecho de Ruano la hoja que momentos atrás había encontrado. Con la poca luz que había alcanzó a leer lo que decía la hoja y pronunciar las palabras escritas en el manuscrito. - Sr. Ramírez, ha ocurrido tal como está escrito en la página.-
No sabía que decir, estaba preocupado por la pierna del oficial, por Alicia y por Jesús. –Usted tiene la chamarra de mi amigo en su cajuela, qué hace ahí- A lo que el oficial sólo le dijo.
-Lléveme a la estación de policía, ahí le contaré lo que está pasando, esto es demasiado raro.- Después de aplicarle el torniquete, lo cargó en hombros y lo subió a la patrulla para llevarlo a Tepoztlán. En el camino le dijo que la chamarra estaba ahí porque había recibido una llamada de una mujer diciendo que tenía secuestrado a Jesús Nando López y a una mujer de nombre Alicia Zarco Cerón.
Enfocado en el camino, pero con esa incertidumbre de que Alicia y Jesús estaban secuestrados, lo puso muy nervioso. –Usted conoce a la mujer, a Alicia- que entre voz cortada dijo. – Es mi esposa- Los flashazos en su cabeza iban y venían, tenía miedo y preocupación. Quería resolver esto a la voz de ya. Era demasiada la presión que tenía y el dolor de cabeza aumentaba.
Ya pronto va a amanecer y esta neblina se dispersará y podremos ver mejor, eso le decía el oficial, que estaba adolorido por la fractura de su pierna. Llegaron a la estación de policías y entró gritando que había un oficial herido en la patrulla, era Ruano, con voz de desesperación porque lo ayudara.
En la recepción una señorita le dijo -.Usted ¿quién es?- a lo que sólo respondió –Augusto, tuve un accidente sobre la carretera rumbo acá, el oficial Ruano acudió en mi auxilio- La señorita sacó del escritorio un sobre y le dijo – Esta carta llegó hace una hora, iba dirigida para usted, el oficial Ruano la abrió.- Tomó y abrió el sobre, en la hoja decía. “Señor Ruano, pronto recibirá una llamada y quiero que preste atención a lo que le vaya a decir, tengo secuestrado a Jesús Nando y a la señora Alicia Zarco”
La llamada que Ruano había recibido venía de una carta, al momento notó que un pequeño pedazo de papel salía del sobre, decía. “En tu corazón está el señor clic, no se te olvide, sal y mira lo que hay atrás de la estación” Era muy misterioso lo que estaba ocurriendo, notó que todavía tenía el revólver en el pantalón y con paso firme siguió hasta la puerta. Caminó para la parte de atrás y vio árboles que rodeaban la estación. Escuchó un murmuro entre los árboles y la voz era similar a la de Alicia y Jesús, entonces empuñando el revólver, a paso firme y se adentró, caminando, notó otra hoja en el piso. Augusto se puso debajo de ella, bajó la mirada y calló sobre ella. Un disparo a lo lejos se escuchó, había impactado en su espalda, la sangre corría y el dolor era mucho. Tomó la hoja y alcanzó a leer.
“Al entrar al bosque, un ruido familiar hizo que Ramírez sintiera la curiosidad de buscar a Alicia y a Jesús. La presencia obscura estaba en su alrededor, miró y había la última página del manuscrito que estaba prediciendo el futuro. Cuando la miró, calló sobre ella junto con un trueno. El arma de Irma Alaísa se había activado, al momento que leyó la carta en su lecho, volteó la mirada y era la secretaria de la estación. Una fanática de los libros de Augusto. Se acercó a él y le dijo, usted atrapó a mi hijo Fernando Savillón Alaísa en su historia. Alicia y Jesús los liberaré, pero usted quedó atrapado en su muerte. Dio media vuelta y en sus últimos latidos del corazón, puso la mano sobre su pecho y estaba ‘señor clic’, entre lo blanco del papel y lo rojo de su sangre, su última frase termino con tres puntos suspensivos …”